Nacido el 3 de setiembre de 1940, una época en que según sus palabras «el mundo no esperaba nada bueno» vincula su niñez en La Mondiola con una experiencia de «la libertad, una infancia vivida muy a la intemperie (…) y en aquellos tiempos, te hablo de los años 40 o 50, era aquello un espacio muy libre, mucho verde, no estaba edificado como ahora…
«Vivíamos en el barrio La Mondiola, una zona denominada así que quedaba entre Pocitos y el Buceo (…) Ahora está muy construida pero entonces tenía grandes espacios vacíos que eran de libertad y de combate porque andábamos siempre organizados en bandas y reventándonos a golpes entre nosotros».
«En un librito mío que anda por ahí ‘Días y noches de amor y de guerra’ hay algunas evocaciones de la infancia y no son tristes sino jubilosas. Yo tuve una infancia vulgar y silvestre salvo el hecho de que fue muy marcada por el misticismo. Era un católico fervoroso y solía ir mucho más allá de lo que se suponía debía ser. Mis padres eran católicos los dos pero nunca pensaron que yo me lo iba a tomar tan en serio»
«En la pared de atrás de mi cama se mezclaba la imagen de Jesús con la de los jugadores de Nacional y dentro de mí coexistían ambas pasiones. A veces, cuando todos dormían, me ponía a rezar sobre piedritas como forma de penitencia. En esa época yo estaba seguro que iba a ser cura. Lo curioso es que al mismo tiempo era un niño normalísimo y futbolero como todos los niños uruguayos».
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